Miren Aránzazu Lapazarán.
Miren Aránzazu Lapazarán.

A los 83 años, la madrugada del 6 de septiembre, dejó de existir la hermana Miren Aránzazu Lapazarán, misionera de las Carmelitas de la Caridad de Vedruna. La tarde del día 5 ella hizo una oración especial para la comunidad Vedruna, una oración de solidaridad por los presos que estaban en huelga de hambre, rezaron por ellos, por la justicia y la no violencia en las cárceles. El resto de la tarde transcurrió normal con la habitual cena viendo las noticias del mundo en la televisión. A las 4:30 de la mañana, una de las hermanas de su comunidad la encontró muerta, en el piso, junto a su cama como consecuencia de una insuficiencia cardíaca congestiva. 

La hermana Lapazarán, natural de Pamplona en Navarra, España, pasó toda su vida adulta en Estados Unidos sirviendo de manera enteriza a la comunidad hispana –en los primeros años de fundación  del Centro Católico Hispano– acompañando a los extranjeros atrapados en el sistema penitenciario de Washington. Desde 1989, la hermana Miren, o María como muchos le llamaban, sirvió a los reclusos en el departamento correccional del Distrito de Columbia como consejera pastoral católica. Aún después de jubilarse, la hermana Miren siguió sirviendo a tiempo completo a los reclusos como voluntaria.

Las Vedrunas viven desde hace 10 años en un pequeño apartamento en el barrio de Riverdale, Maryland, asistiendo a la comunidad inmigrante y apoyando los proyectos de la parroquia de San Bernardo, desde donde la hermana Lapazarán continuó su acompañamiento pastoral de los reclusos a quienes proveía dirección espiritual, les leía, les ayudaba a mantenerse en contacto con sus familias y les llevaba libros y Biblias.

Antes de su trabajo en la cárcel, la hermana Miren trabajó en el refugio para mujeres Monte Carmelo, en el Distrito de Columbia, que fue fundado por su congregación y que ahora forma parte de los programas de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Washington. También sirvió en el Comité de los Derechos Civiles de Asuntos Latinos y recibió el premio del Departamento de Correcciones en 1993 por su excepcional labor de servicio. En mayo de 2009 fue honrada con el Premio de Seton de la Congregación de las Hijas de la Caridad con motivo del Bicentenario de la Herencia de Seton. El citado premio se otorga a las personas que, a través de su ministerio o su forma de vida, reflejan el ejemplo y espíritu pionero de Elizabeth Ann Seton como personas valientes que lo arriesgan todo para dedicarse a obras de caridad y que a lo largo de sus vidas han trabajo entre los pobres. Al concederle el reconocimiento destacaron: “La hermana Miren se ha convertido en un verdadero y vivo testimonio de los valores del Evangelio”.

Además de su trabajo entre los reclusos, solía vivir en los barrios donde residían las personas de bajos recursos y compartía su alegría de vivir con ellos, tal es así que, en el 2004, por ejemplo, su participación fue decisiva para el estableci-miento de una cooperativa entre los residentes de bajos ingresos en un deteriorado edificio en el noroeste de Washington. Más aún, en el vecindario de la parroquia de San Bernardo donde ella vivía, ayudaba a recoger latas para sus vecinos quienes las venden para reciclaje y cuyo pago de reciclar ayuda a pagar mensualmente las facturas de sus alquileres.

Su desaparición nos conmueve, mas su nombre le sobrevive en nuestro agradecido recuerdo… ¡Descanse en paz hermana Miren Aránzazu Lapazarán!
 
* Su funeral será el viernes 14 de septiembre a las 10 de la mañana en la iglesia del Sagrado Corazón (esquina de las calles 16 y Park Road, NW, DC).