En esta edición, como cada año electoral, reproducimos para información y orientación de nuestros lectores una encuesta a los candidatos del estado al Congreso de Estados Unidos, a gobernador y a la asamblea general de Maryland sobre su posición en los temas de interés para los católicos. El sondeo, realizado por la Conferencia Católica de Maryland a candidatos demócratas y republicanos, trae a colación un tema de suma importancia asociada al voto: el poder de la participación. El voto y la participación es un tándem que nos permitirá acceder e influir, de manera inequívoca, en la toma de decisiones que se traducirán en mejoras educativas, económicas y de salud para nuestra comunidad. No debemos perder de vista ese tándem en las próximas elecciones del martes 6 de noviembre. Es importante participar y votar porque si nuestra presencia no se traduce en mayores números en las escuelas, universidades o en una mayor participación cívica de nada servirá que seamos la minoría más numerosa de Estados Unidos. 

En múltiples foros –como el reciente V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana– se destacan las enormes y enriquecedoras contribuciones de los inmigrantes a la Iglesia Católica estadounidense. Los valores de nuestras culturas –como, la piedad popular y el sentido de familia– han enriquecido y conferido una nueva forma de ser a la Iglesia Católica norteamericana, realidad que necesita traducirse en el fortalecimiento del liderazgo que solo se da a través de la plena participación. Una de ellas es el voto, la conciencia cívica de participar, de acudir a las urnas y ejercer ese derecho. Si no empezamos en casa a hablarles a nuestros hijos y a educarles sobre la importancia de la participación y el involucramiento en los asuntos cívicos y políticos de nuestra sociedad seremos una comunidad sin futuro. Ellos deben entender y aprehender que si no votan, no podrán tener participación o influencia en las decisiones que se tomen en el país. Decir no a la indiferencia y la apatía electoral empieza por informar, educar e insistir en una mayor participación electoral que redunde en mayores beneficios y oportunidades para nuestras comunidades, en particular para los que no tienen voz y voto en tiempos de apremio y crisis como la que vivimos.

El valor agregado de participar es la toma de conciencia de la vital importancia que significa ‘sentir que uno forma parte de algo’, lo que garantiza nuestras libertades, ergo, la toma de la responsabilidad de nuestro propio destino. Y una responsabilidad primigenia es obtener la ciudadanía para ejercer el derecho al voto, para integrarnos y velar por los justos intereses de nuestras familias, porque solo así podremos ser libres y asegurar la libertad de los demás, donde la mejor  manera de asegurar nuestra esperanza es creando esperanza para los demás. En ese aspecto es vital mantener una estrecha conexión con nuestra cultura porque solo a través de ella podremos forjar nuestros propios caminos, especialmente los jóvenes quienes deben tener un sentido de sus raíces, saber quiénes son y de dónde vienen orgullosos de sus valores familiares, piedra angular de su desarrollo personal. Mas, en casa debemos enseñar –con el ejemplo– la importancia de la participación e involucramiento en los asuntos cívicos y políticos de nuestra sociedad, toda vez que ‘las palabras mueven, mas los ejemplos arrastran’. La apatía electoral se combate con el ejemplo, ejercitando el derecho al voto que es una muestra de pertenencia a la sociedad, un derecho inalienable del que nadie puede sustraerse o mantenerse impasible. El compromiso es claro, el martes 6 de noviembre, ¡Ve y Vota!