Los inmigrantes indocumentados pagan anualmente $11,74 billones en impuestos estatales y locales, según un reporte del Instituto de Política Económica y Fiscal (Institute on Taxation and Economy Policy). En otras pa-labras, la errónea y manida idea de que los inmigrantes indocumentados no pagan impuestos es un absurdo. Como todos los que vivimos y trabajamos en  Estados Unidos, los indocumentados son también contribuyentes que colectivamente pagan cerca de 12 billones de dólares al año al Estado y a las arcas locales a través de ventas  e impuestos, ingresos perso-nales e impuestos de propiedad.  Los once millones de inmigrantes indocumentados pagan aproximadamente un ocho por ciento de sus ingresos en impuestos locales y estatales cada año. Si se aprobara hoy una reforma migratoria integral –que es poco probable que suceda en el actual contexto político– las contribuciones de los inmigrantes indocumentados aumentarían en $2,1 billones más. Al considerar los hechos y las cifras, como bien señala el ITEP es necesario tener presente que ‘una buena política es una política informada’. Razón demás para no ignorar las horríficas consecuencias de separar y destrozar familias con las deportaciones masivas, así como tampoco las autoridades deben ignorar las contribuciones significativas de los indocumentados a la economía y a los ingresos locales.
 Un hecho factual que se ignora es que la mayoría de los   estados de la Unión colectan impuestos locales independientemente si las personas son o no ciudadanos. Los inmigrantes indocumentados, como todos, pagan impuestos cuando hacen sus compras, sean estos bienes  o servicios. Pagan también impuestos directos como propieta-rios de sus viviendas o indirectos como inquilinos. Asimismo, muchos indocumentados pagan impuestos sobre la renta estatal. El oportuno informe sale a la luz en momentos –críticos para el país– en que se vienen impulsando políticas que destruyen familias bajo la errónea suposición de que ‘los inmigrantes son un drenaje para la economía de la nación’. Por eso es vital destacar los ha-llazgos claves del informe.   Comparativamente, las contribuciones en Montana, por ejemplo, con una población de mil indocumentados, es de $550.000; mientras que en California, hogar de más de 3 mi-llones de indocumentados, las contribuciones son más de $3,1 billones. De allí que conceder estatus legal a los 11 millones de inmigrantes indocumentados a través de una reforma migratoria integral, que les permita trabajar legalmente en EEUU, aumentaría sus contribuciones de impuestos locales en $2,1   billones al año. La política de deportación masiva tendrá un impacto inmediato en muchos estados y arcas locales sin las contribuciones de impuestos de los indocumentados. (Para ver el informe completo o encontrar datos específicos de cada Estado visite: www.itep.org/   inmigration/)
 Es, pues, crucial mantenerse informado para no buscar chivos expiatorios donde no hay, ni culpar a los‘otros’ por todos los males que nos aquejan. Es un axioma que la única manera de conocer al ‘otro’ –o de hacer diplomacia– es po-nerse en los zapatos del ‘otro’, porque  solo así sabremos lo que sienten y hacen. En el resto del mundo cuando se recibe a un refugiado o inmigrante se le dice que sienten mucho lo que sucedió en su país y que esperan que la situación mejore para que puedan regresar. En Estados Unidos –desde sus orígenes– a los refugiados e inmigrantes les damos la bienvenida y, además de decirles que sentimos mucho por lo sucedido en su país, les preguntamos qué podemos hacer    para ayudarles a convertirse    en ciudadanos. Eso es lo que     es Estados Unidos. ¡El excepcionalismo ‘americano’ reside en esa simple y magnífica    manera de dar la bienvenida!