La Semana Santa adquiere un significado muy especial no solo para los creyentes de la Arquidiócesis de Washington, sino también para muchas comunidades parroquiales que durante estos días santos han estado en sus templos parroquiales, en los altares y en las procesiones del Viernes Santo y en la celebración de la Vigilia Pascual. Este es un tiempo de oración y profunda reflexión en el  Misterio Redentor de Cristo, quien muriendo en la cruz ha resucitado dentro de los muertos para darnos la salvación de la vida Eterna.

De esta misma forma es importante reflexionar durante estos días santos, sobre nuestra Historia de Salvación, la pasión y la muerte de Jesús es sacrificio redentor no es tan solo una palabra, sino un acto de amor de Dios que nos amó hasta la muerte en la Cruz.  Jesucristo vino a enseñarnos y a comunicarnos que Dios ante todo es un Padre bueno, alguien que se preocupa y desea la salvación de cada uno de nosotros, nos ama y perdona y como bien nos lo recuerda  el Santo Padre, el papa Francisco, Dios está siempre dispuesto a perdonar nuestros pecados, para que en medio de nuestra vida espiritual, podamos entender que es la Cruz la que nos redime y salva.

La Pascua que iniciamos en la noche santa de la Re-surrección de Cristo, nos permite  celebrar la Vigilia Pascual que es un canto de triunfo de la vida sobre la muerte. El fuego, la palabra de Dios, el agua como principio de vida y la liturgia de la Eucaristía, confirma y reafirma al creyente que Dios está presente en nuestras vidas. Es un motivo de alegría para todos nosotros el saber que seguimos a un Dios vivo, que nunca se ha alejado de su rebaño y que por la celebración de la Santa Eucaristía siempre está presente en nuestras vidas y en nuestras almas. Amar a Dios es amar nuestra vida y saber que en ella también tenemos un instrumento de salvación personal. En otras palabras, estamos en este mundo para ser instrumentos de Cristo.

Queridos padres de familia: recuerden que su fe debe ser compartida con sus hijos en el hogar, que a Cristo Resucitado lo encontramos cada semana en la celebración de la eucaristía dominical. Que la celebra-ción de la Semana Santa debe ser el impulso que nos lleva a vivir intensamente la Pascua y el Pentecostés, en donde por el Espíritu de Dios, entendemos que la amistad con Dios se debe desarrollar todos los días de la vida. Así el conocimiento de Cristo es gradual pero intenso puesto que no se hace a saltos, sino como a la imagen de una planta poco a poco va recibiendo el agua que la irá haciendo crecer.

Nuestra oración en esta Pascua continúa siendo orientada a la querida familia inmigrante que con tantas dificultades vive un camino de cruz. Oramos para que esa cruz sea un instrumento de amor y santificación. Por la cruz llegaremos siempre a la Pascua de la Resurrección. Que el Señor Jesús aumente nuestra Fe, fortifique nuestras vidas en el Amor y acreciente siempre en cada uno de nosotros el don de la Esperanza, que no solo nos hace vivir en el presente, sino que también nos pone en la dinámica del futuro allí donde más allá de todas nuestras ilusiones y expectativas, sabemos nos espera el premio final de aquellos que corren la carrera con Jesús.

Para todos ustedes y sus seres queridos una muy feliz Pascua de Resurrección.