Gisela Victoria (izq.) en compañía de una voluntaria del programa “Kairos”. (Foto/cortesía Gisela Victoria)
Gisela Victoria (izq.) en compañía de una voluntaria del programa “Kairos”. (Foto/cortesía Gisela Victoria)

El Ministerio de Prisiones “Kairos” transforma vidas dentro de las cárceles, y afuera también. Desde hace cuatro años, Carlos Victoria, su esposa Gisela y su hija Noah se han comprometido en la misión de visitar a los presos, llevarles la palabra de Cristo, orar con ellos, compartir con aquellos a quienes la mayoría de la gente rechaza.

"La Biblia nos dice que hay que visitar al hermano que está preso", coincide esta familia al compartir sus motivaciones.

Estos parroquianos de la Iglesia St. John Vianney de Prince Frederick, Maryland, de raíces colombianas, se unen a otros siete feligreses más para visitar cada seis meses el centro correccional Greensville, ubicado en Jarratt, Virginia.

Conforman un grupo de 45 personas de diferentes religiones, del área metropolitana e incluso de Carolina del Norte, unidos en la iniciativa internacional “Kairos” que busca acercar a los presos a Dios.

Cambiando a los de adentro

Carlos considera que “Kairos” toca los corazones de los detenidos para hacerles cambiar su mentalidad a fin de que vean que sí hay otra oportunidad para ellos. "Este programa ayuda a los que sí quieren cambiar su vida. Incluso, a algunos, Dios les ha cambiado la vida de tal manera que ahora ayudan a transformar la vida de otros", dijo en representación de un ministerio que lleva una década sirviendo a los encarcelados en su parroquia.

Compartió el caso de un preso hispano que cometió un crimen agravado. "Al inicio él no quería nada con Dios, ni que le abrazaran ni le dieran la mano", contó.

Guiados por el slogan de “Kairos” "escucha, escucha, ama, ama", pues el programa incita a los presos a hablar, ser partícipes y abrir su corazón en una ceremonia de perdón.

Este preso entonces fue cambiando de actitud, luego terminó abrazando a todos. Como aprendió a tocar el piano, ahora es integrante del grupo musical, también es líder del grupo de estudio de la Biblia, líder de “Kairos” dentro de la cárcel y atrae a otros hispanos a participar.

"Llegamos a las cárceles para mostrarles que Dios les quiere", dijo Gisela conmovida porque algunos no tienen familia que les visite ni conexión con nadie. Otros encaran un futuro desalentador ya que estarán allí por el resto de sus vidas.

El programa les da voz a los que no la tienen al permitir que los presos cuenten cómo esta iniciativa les ha cambiado la vida. "Es impresionante escuchar a los detenidos que ahora quieren a Dios y quieren cambiar su vida", dijo Gisela hace unos días en St. John Vianney, una parroquia de la Arquidiócesis de Washington.

Carlos dice que la mayoría vienen de hogares destruidos, pero Dios trabaja en ellos y empiezan a formar parte de una comunidad y a transformarse.

Cambiando a los de afuera

Desde que Noah (21) cumplió los 18 años, empezó a servir en Kairos con su mamá en la organización de las actividades. Le gusta servir, crece espiritualmente y siente gozo de hacer algo por los necesitados.

"Dios nos ha hecho a todos iguales y cada uno merece una segunda oportunidad en la vida", dijo convencida de que debemos demostrarle amor al prójimo.

Se quedó impresionada al ver que los detenidos -desconocidos- le escribían cartas y rezaban por ella, en especial para que mejore su salud.

Noah padece de un desorden genético (abetalipoproteinemia) que no tiene cura y es progresivo. No puede absorber las grasas y ello eventualmente puede generarle problemas neurológicos.

Es una enfermedad rara que solamente la padecen 200 personas a nivel mundial. La joven lleva una vida normal, aunque su debilidad le impide conducir y le complica los estudios.

Las reuniones de “Kairos” son de cinco días y los voluntarios operan dentro y fuera del correccional. Las mujeres cocinan, oran, organizan el material, meditan y apoyan el programa. Mientras tanto, los hombres visitan la cárcel cada día de 6AM a 5PM y se reúnen con los 42 participantes previamente seleccionados. Hay más de tres mil presos en los tres edificios del correccional y allí “Kairos” sirve desde hace más de dos décadas.

Como la cárcel es de hombres, Noah y su mamá solamente pueden ingresar en la sesión final dominical. Entonces la joven insistió para que su padre se uniera a ellas, de modo que él sí podría ingresar cada día. Confiaba en que Carlos podría hacer una diferencia especialmente entre los presos hispanos que no dominan el inglés.

"¿Para qué perder el tiempo con criminales que no lo merecen?", pensaba Carlos al principio. Hasta que Noah le pidió: "Si no quieres hacerlo por ellos, hazlo por mí".

Conmovido por la solicitud de su hija, se convenció de que es algo que debe hacer como ser humano. Entonces, acudió al llamado y -para su sorpresa- encaró a un grupo de presos comprometidos y respetuosos. "Ver a 300 personas orando por mi hija, me tocó en el fondo del corazón", confesó este padre inmigrante.

Le impresionó cómo hablan de Cristo y están empapados de su palabra. "Uno termina más enriquecido que el preso".

Dos veces al año, la familia Victoria se desplaza tres horas de ida y tres de vuelta en auto hasta la cárcel. Para ellos se trata de un compromiso con los más vulnerables y un espacio para obrar juntos en familia por el bien de los demás y de la sociedad.

El domingo es el día de cierre de las actividades y en la celebración se reúnen participantes que concluyen las sesiones, voluntarios e incluso otros presos que egresaron anteriormente del programa.

“Kairos” le permite a Noah desarrollar sus habilidades musicales, ya que está a cargo de programar la música durante la misa y el convivio. "Puedes ver el amor y la bondad de la gente y te olvidas que ellos están presos", comentó.

Un preso que ha escrito libros le dio consejos a Noah impulsándola a seguir el camino de las letras y a no dejar sus sueños atrás.

¿Cómo ayudar?

Horneando galletas -dijo Gisela- es una de las formas en que se puede contribuir a esta misión. Durante los fines de semana dedicados a “Kairos”, cocinaron tres mil docenas de galletitas en equipo, las compartieron y rezaron por familiares, amigos y diferentes congregaciones religiosas -contó.

Más voluntarios bilingües son bienvenidos. Los interesados en ser miembros de este equipo “Kairos”, pueden escribir en español a la familia Victoria a [email protected] o visitar kairosnova.org.

“Kairos” sirve en casi 500 prisiones y comunidades en diez países, contribuyendo con tres millones de horas de voluntariado por año. Para ser parte de “Kairos” en otros lugares de Estados Unidos o del mundo, visite kairosprisonministry.org o llame al (407) 629-4948.

Una reunión informativa sobre “Kairos” se realizará el 10 de noviembre a 5:30PM en la Iglesia Metodista Unida ubicada en 6935 Columbia Pike, Annandale, Virginia. Incluirá una cena y la oportunidad de escuchar los testimonios de ex presidiarios.