Alí Arellano y Gabriela Febres establecieron un negocio que actualmente 'va viento en popa'. (Foto/Javier Díaz)
Alí Arellano y Gabriela Febres establecieron un negocio que actualmente 'va viento en popa'. (Foto/Javier Díaz)

El éxito no se compra ni se hereda, se suda y requiere trabajo fuerte, dedicación extrema e ingenio. Para un inmigrante en tierras ajenas, alcanzarlo implica un camino cuesta arriba y es doblemente meritorio.

Las historias que presentamos a continuación tienen un denominador común: son inmigrantes venezolanos que se vieron obligados a abandonar su patria por una devastadora crisis económica-política-social, se han preparado para desempeñarse en el campo que aman de la mejor manera posible, han luchado por sus sueños, no se han dejado vencer por los obstáculos y se sienten muy orgullosos de sus logros y de ser hispanoamericanos. 

Son tres experiencias inspiradoras para aplaudir al que triunfa, impulsar a los lectores a luchar por sus más altas aspiraciones laborales y celebrar los triunfos y aportes de los inmigrantes hispanos en Estados Unidos en el Mes de Hispanidad que concluye el 15 de octubre.

Éxito con sabor a arepas

En Venezuela las venden en todas partes, en Miami también, pero en el área de Washington era muy difícil encontrar un negocio que venda las deliciosas arepas que son símbolo de la cocina tradicional venezolana. Gabriela Febres y Alí Arellano aprovecharon esa carencia para establecer su negocio que actualmente ‘va viento en popa’ y con un potencial de crecimiento enorme.

Se conocieron en Arlington, Virginia, viendo un partido de fútbol de su selección preferida. Ella era estudiante y él vendía queso típico venezolano (guayanés y paisa). Su equipo ganó y, en medio del alboroto y el amor por su país, surgió una amistad entre quienes hoy son socios empresariales.

Cuando había elecciones, él vendía tequeños (pastelitos de queso típicos de Venezuela) en las inmediaciones del consulado de su país en el Distrito de Columbia. El éxito era tal que “la cola para comprar tequeños era más larga que la cola para votar”, contó Alí reconociendo que en ese entonces estaba buscando una oportunidad de negocio.

Combinando entusiasmo y ganas, pues estalló la idea: crearon el logo de “Antojitos de tu país” y decidieron promover los productos venezolanos en facebook.

Así empezaron a vender hallacas, pan de jamón y otros ricos alimentos, y entregarlos de puerta a puerta. “Nos dimos cuenta de que había una carencia”, recordó Gabriela hace unos días en un evento en la capital. 

No pudo evitar las lágrimas al proyectarse en la pantalla el primer camioncito con el que vendían los productos. Frente al mismo, “los estadounidenses esperaban hasta 45 minutos para comerse una arepa”, dijo Alí.

Así comenzó lo que hoy se conoce en el área como Arepazone, un prometedor negocio de venta de arepas, cachapas y tequeños. 

“Si queremos crecer, tenemos que pensar en grande”, dicen quienes de vendedores ambulantes pasaron a empresarios. Siguen con el camioncito vendiendo por las calles y la ruta se publica en foodtruck.arepazone.com. En el proceso cuesta arriba, dedicaron casi un año para crear un plan de negocios y así obtener un préstamo. Ya tienen dos negocios en Washington: un puesto en Union Market (1309 5th St., NE) y el restaurante en 1121 14th St., NW).

“Si uno cree en su proyecto, el futuro está ganado”, afirmó la inmigrante venezolana durante el encuentro de venezolanos denominado “Conectando a la diáspora”.  Fue la primera actividad organizada por Visión Democrática, una entidad que busca integrar a la diáspora venezolana, impulsar alianzas para el desarrollo y promover la democracia.

Gabriela llegó a Estados Unidos cuando tenía siete años y contó que su padre aún sigue viviendo en Caracas lo que -sin duda- le preocupa mucho.
Para detalles, visite Arepazone.com o escriba a [email protected]

Ayudar y ser ejemplo

Los inmigrantes que vienen a Estados Unidos tienen que dejarse ayudar y los que pueden deben comprometerse en ayudar a los otros. Como nos están observando, tienen que portarse bien, respetar las reglas, ser ejemplo de civismo. También es importante que no pierdan la esperanza y sigan mejorando como individuos.

Ese fue el llamado que hizo Betilde Muñoz, directora del Departamento de Inclusión Social de la Organización de Estados Americanos (OEA), en el marco de un encuentro de profesionales venezolanos en septiembre pasado en Washington.

Su mensaje principalmente fue dirigido a sus compatriotas que están emigrando en masa hacia cualquier parte de Europa y América.

Analizando la situación, considera que el mayor reto es  cómo usar los contactos y talentos en beneficio de los venezolanos en su país y los que están caminando en condiciones precarias por Latinoamérica, pero hay que hacerlo. “Hay que cambiar hacia una cultura de generosidad y colaboración”.

Betilde llegó a Estados Unidos en 1993 y empezó estudiando en la Florida. Reconoce que lo más difícil de inmigrar es dominar el inglés. De esa época recuerda que le impactó mucho una materia en la universidad sobre las mujeres en la política mundial. Se enfocó en su educación, a sabiendas de que es el camino para progresar, y lo hizo de tal modo que obtuvo un doctorado en ciencias políticas.

Lleva 16 años trabajando en la OEA, lo que le permitió viajar por la región, conocer bien y aportar a  Latinoamérica. Desempeña una posición de liderazgo que pocas mujeres han logrado en esa institución.

Con orgullo aplaudió los avances y destacó que un 70 por ciento de los observadores de la OEA ahora son féminas -durante su reciente presentación auspiciada por la organización Visión Democrática. La misma tiene la meta de identificar a la diáspora venezolana en Estados Unidos para construir una comunidad de talentos que impulsen actividades de desarrollo sostenible para Venezuela. En su búsqueda de  enlazar a los venezolanos en el exterior, desea promover los valores de integridad, cooperación y solidaridad.

Para detalles, visite VisionDemocraticaFoundation.org.

Convirtió su pasión en negocio 

“A veces, la línea recta no es la correcta. A veces, el autobús equivocado nos lleva al camino adecuado”, expresó Enrique Limardo, chef ejecutivo de Alma Cocina Latina, en el evento “Conectando a la diáspora venezolana”, refiriéndose a su propia experiencia de vida. 

Quería y no quería irse de su patria, pero estaba seguro de que la tranquilidad y un mejor futuro le esperaban en tierras extrañas. 

Hizo muchos intentos como migrante. En el primer intento se fue a España a estudiar arte culinario por varios años, luego regresó a Venezuela. En el segundo intento se fue a Barbados para estudiar inglés y trabajar en un restaurante, luego regresó a Venezuela. En el tercer intento se fue a trabajar en un hotel en la Rivera Maya, en México, luego regresó a Venezuela y estableció su propio restaurante en Caracas a sus 27 años.

Y llegó el momento de autoanalizarse, de mirar hacia adentro, de escudriñar en sus raíces -confesó-. “Empecé a leer el recetario de cocina de mi abuela y fusioné lo que aprendí de los mejores chefs de la cocina europea”.

Allí surgió la chispa que dio inicio a una exitosa carrera en el competitivo, apasionante y demandante mundo culinario. 

Finalmente su lugar era Baltimore, Estados Unidos, donde estableció “Alma cocina latina”, un restaurante con exquisitos y originales platillos. Uno de sus platillos es ravioli de pastel de chucho en masa de plátano caramelizada. Otra receta reconoce que fue inspirada por los Médanos de Coro, de su país. Otro platillo destaca lo que Enrique llama “guasacaca a mi manera”.

“Quiero transmitir la cultura venezolana de la mejor manera posible”, dijo quien, sin duda, es un chef excéntrico.
Considera que los hispanos son emprendedores y abren las oportunidades para otros inmigrantes. “Tengo varios empleados venezolanos, he traído gente de mi país que han hecho carrera en la cocina”, contó. 

Este chef llamó a su más reciente innovación culinaria “pollera con whiskey” y tiene muchos planes más.

“Piensa, cree, sueña y atrévete”, dijo haciendo eco de una frase del exitoso Walt Disney, durante una actividad que organizó Visión Democrática el 4 de septiembre para estrechar lazos entre los venezolanos que viven en el área metropolitana de Washington. 

Esta organización también busca conectar el potencial de estos inmigrantes para beneficio del desarrollo económico y social de Venezuela. Para detalles, visite VisionDemocraticaFoundation.org.