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Esta serie de testimonios de la comunidad hispana, refleja cómo los obstáculos de los inmigrantes se pueden superar batallando con determinación y esperanza.

En el marco de la Navidad, la Red Católica Legal de Inmigración (CLINIC, siglas en inglés) compartió estas historias de los inmigrantes de hoy, quienes -como la Sagrada Familia- todavía necesitan la bondad de posaderos de buen corazón que les den la bienvenida y refugio.

Fue una manera de recordar a la familia de Nazareth, informar a los extranjeros de las opciones legales que hay disponibles para legalizar su estatus y un modo de concientizar a la comunidad en general sobre las dificultades, sueños, aportes y logros de los inmigrantes.

Además, estas historias muestran cómo algunas de las más de 300 organizaciones católicas y/o comunitarias que conforman la red legal, están ayudando a los inmigrantes a superarse, alcanzar sus metas y contribuir con la sociedad.

Elena de México

Elena llegó a Estados Unidos siendo niña. Su familia solo tenía unas pocas mudas de ropa y unos cien dólares.

Para ayudar a su familia, se acogió a la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) y pudo estudiar psicología y español en Kentucky.

Motivada por su deseo de que otros se beneficien, empezó a colaborar como voluntaria en una organización de la red CLINIC, llamada Maxwell Street Legal Clinic.

Como tiene talento y ganas, ahora trabaja como asistente legal y estudia leyes.

Quien pronto será abogada, no se dejó abatir por las dificultades y lucha por sus metas y su comunidad.

Pedro de Guatemala

Pedro huyó con su familia porque en su país les perseguían por ser albinos. Fueron detenidos en la frontera, pero los liberaron hasta la audiencia en Corte. Las autoridades enviaron el citatorio a una dirección equivocada, Pedro perdió su cita y se le emitió una orden de deportación.

Luego de batallar para encontrar un abogado privado, recibió ayuda legal en Redlands Christian Migrants Association, en Immokalee, Florida.

Pudo obtener una extensión de seis meses para construir el caso legal. Pedro vive ahora sin miedo y con fe en que su caso prosperará.

Alberto y Carlos de Honduras

Su padre era policía y fue asesinado por los miembros de una pandilla. No se hizo justicia y la familia estaba sumida en el terror. Su madre se tuvo que ir del país y ellos dos con su abuela vivían bajo amenazas. Buscando seguridad, ambos recorrieron varios países hacia el norte hasta que fueron detenidos en la frontera. Caridades Católicas de Atlanta, Georgia, encontró a la mamá de los muchachos, les asistió en busca de asilo y luchó por mantener unida a la familia. Ahora lloran porque la abuela fue asesinada por la pandilla, pero agradecen que tienen la oportunidad de comenzar una nueva vida.

Miguel de El Salvador

Este inmigrante trajo a su familia a Estados Unidos para protegerles de la violencia. Después de 18 años, contactó a un abogado para solicitar la residencia permanente por medio de su esposa, quien ya tenía estatus legal porque es hija de un ciudadano. Miguel supo que para calificar tendría que regresar a El Salvador por varios años, así que no avanzó en el trámite.

Al consultar con expertos en inmigración de Caridades Católicas en Raleigh, Carolina del Norte, este padre de familia supo que era elegible para un permiso para visitar a sus familiares en El Salvador.

El permiso fue aprobado y él viajó a El Salvador por una semana y compartió con sus familiares que no había visto en 18 años. Ahora la organización católica le está ayudando en el trámite de su residencia permanente con miras a solicitar más adelante la ciudadanía. Cuando la obtenga, podrá traer a sus padres a este país.

Trabajadores de Centroamérica

Una compañía de agricultura que había contratado a varios hombres con promesas de trabajar en los Estados Unidos, también exigió que los inmigrantes pagaran el costo de su visa y del vuelo.

Los trabajadores nunca supieron que estos costos eran responsabilidad legal de la compañía. Otras mentiras fueron expuestas cuando llegaron a los campos. Los

hogares que les habían prometido eran tráileres (remolque de un camión), sucios y con un solo baño.

Los jefes hacían que los hombres trabajaran más de lo que es aceptable legalmente

y les pagaban menos de lo que habían dicho. Les quitaron los papeles y les

dijeron que si salían de la propiedad iban a ser deportados. Los hombres

siempre estaban bajo supervisión y les hicieron creer que estaban endeudados

con la compañía.

A eso se suma que estos inmigrantes tenían miedo de escaparse sin sus papeles.

Los hombres finalmente decidieron arriesgarse y lograron salir de la propiedad, pero temerosos de regresar a sus países donde la compañía los podría encontrar. Decidieron contactar a Caridades Católicas en Atlanta, Georgia. Allí un abogado les ayudó a conseguir una visa T, específicamente para víctimas de la

trata humana. Los cinco hombres ahora viven en Estados Unidos felizmente con sus familias.

Mario de Guatemala

Llegar a Estados Unidos como un menor no acompañado fue un proceso solitario para Mario, pero había empezado una vida buena en Forest, Mississippi. El área tiene una población indígena y Mario, miembro de la población Mam en su país, se sintió como parte de la comunidad inmediatamente.

Un día, él y sus amigos estaban en casa cuando fueron atacados. Mario fue gravemente herido, pero sobrevivió. Logró hablar con la policía sobre los detalles del ataque.

Caridades Católicas en Jackson, Mississippi, ya había empezado un caso de asilo para Mario. Los especialistas de inmigración se dieron cuenta que el joven ahora calificaba para una visa U, un beneficio migratorio solo disponible para víctimas del crimen que cooperan con la policía.

La organización católica logró obtener documentación de la policía de Forest para fortalecer el caso legal. También le ayudó a Mario a solicitar asistencia monetaria a través de un programa estatal que da recompensa a las víctimas de crímenes. Mario y los especialistas de Caridades Católicas ahora esperan ansiosamente los resultados de las solicitudes.

Mario nunca esperó tener una experiencia tan violenta, pero está agradecido de haber tenido ayuda durante un tiempo tan difícil y poder ver la luz al final del túnel.

Laura de México

Después de vivir en Estados Unidos durante 14 años, Laura súbitamente

enfrentó el riesgo de la deportación debido a su condición de indocumentada. Su primer abogado era caro y no le daba informes detallados sobre su caso. El abogado renunció, lo que obligó a Laura a presentarse sola ante la Corte.

Ella compareció nerviosamente ante el juez y no sabía que su abogado ya había presentado su solicitud para la residencia permanente. El juez aprobó la solicitud y anuló la orden de deportación. Laura se retiró de la Corte aquel día muy aliviada y agradecida.

Tres años después y en un mar de desinformación probablemente por desconocimiento del idioma y del sistema, Laura aún creía que estaba indocumentada y perdió 6 mil dólares en otro abogado tratando de mejorar su estatus migratorio.

Desamparada y desilusionada, se contactó con Caridades Católicas de Jacksonville, Florida, y les trajo el único documento legal que tenía: la orden de deportación cancelada. En sólo unas cuantas horas, un experto en inmigración de la organización católica resolvió la situación de Laura, quien finalmente recibió su tarjeta de residencia permanente a los dos meses. Fue un alivio, después de tantas dificultades afrontadas.

Después de años viviendo atemorizada y gastando miles de dólares en abogados inescrupulosos, Laura estaba feliz por haber encontrado a un profesional serio y responsable que finalmente le diera a su caso la consideración e importancia que

este merecía. Su caso no es aislado, son muchos los extranjeros que son estafados o malrepresentados. El consejo es informarse y buscar ayuda legal en centros católicos o comunitarios que sean respetables.