Fieles y sacerdotes acompañan a la imagen del Divino Salvador del Mundo durante su recorrido procesional en la Basílica Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington.  Fotos/ Javier Diaz
Fieles y sacerdotes acompañan a la imagen del Divino Salvador del Mundo durante su recorrido procesional en la Basílica Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington. Fotos/ Javier Diaz

El Divino Salvador del Mundo le ha concedido muchos milagros a Sonia Marlene Aquino, líder parroquial del Santuario del Sagrado Corazón en Washington. Por eso, ella se moviliza cada año para homenajear al patrono de El Salvador, ora con fervor ante esta peculiar imagen de Cristo, pide y se le concede.

En medio de los conflictos de la guerra civil en los años '80, su familia pudo salir del país hacia Estados Unidos. Para ella, quien es la mayor y fue la primera en salir, se trata de un milagro hecho realidad.

Luego vivió la dicha de ver otro pedido realizado: su hermano se ordenó sacerdote.

Y sus oraciones con fervor y esperanza, fueron escuchadas nuevamente por Dios cuando su esposo fue diagnosticado hace algunos años con cáncer en la última etapa. Su esposo Carlos se sanó.

A pesar de ser situaciones familiares íntimas, Sonia da su testimonio a El Pregonero porque se siente un instrumento de Cristo para ablandar corazones incrédulos.

Fue una de casi 500 personas que acudieron el sábado pasado a la basílica de la Inmaculada Concepción de Washington para participar en la procesión, misa y convivio en honor al patrono de su patria.

"Esta celebración de fe significa recordar, revivir y traer algo de lo nuestro, especialmente las costumbres religiosas que tanta falta nos hacen al estar viviendo en una cultura diferente a la nuestra", dijo en relación con una solemnidad que se viene organizando desde el año 1984 en el santuario.

Considera que ayuda a olvidar por un momento lo difícil que es la vida en este país para los inmigrantes y, a la vez, ayuda a enseñarles a las nuevas generaciones nuestra fe.

Sonia considera que estas muestras de religiosidad popular, evidencian el aporte que hacen los hispanos al engrandecimiento de la Iglesia Católica en Estados Unidos.

"Nos gusta mucho manifestar nuestra fe, celebrar y más aún cuando se trata de fiestas patronales. Cualquier motivo es bueno para estar reunidos y compartir", expresó.

Asegura que el sentido de familia es grande en nuestra comunidad y es un gran aporte que nos ayuda a estar siempre cerca de Dios.

Testimonios de fe

Rebeca Alvarado, de la parroquia San Martín de Gaithersburg, dijo en la procesión que todo le traía muchos recuerdos e historias de su país.

"Es una forma de no olvidarse uno de donde viene", según Hans Arévalo de la parroquia Santa María de Landover Hills.

Contesta estaba la inmigrante salvadoreña Marta Sánchez al ver tanta gente en la fiesta de fe, incluso de otras nacionalidades, celebrando la tradición de su país. De hecho, Ángela Martínez, hondureña de la Iglesia Santa María, participaba por primera vez. "Vengo a apoyar a los salvadoreños y a compartir con la comunidad".

Maite Carrillo dijo que se siente orgullosamente salvadoreña y que participa cada año porque es parte de su creencia religiosa, de su cultura y una forma de recordar a su país natal. "Me siento bendecida y honrada de que celebremos la fiesta del patrono de mi país estando tan lejos", según María Verónica Carrillo.

Magdalena Trejo, vestida con traje típico, contó que se ha apegado mucho a el Salvador del Mundo. "Representa nuestro país y lo siento en lo más profundo de mi corazón".

"Esta solemnidad representa nuestras raíces, nuestra cultura, de donde venimos", dice Gloria Mendoza, miembro del Comité del Divino Salvador del Mundo, que se siente impulsada por su fe a dar a conocer las tradiciones de su país natal.

"La bajada"

La fiesta del Divino Salvador del Mundo, asueto en El Salvador, es en honor a Cristo y para recordar que los españoles llegaron a tierras cuscatlecas el 5 de agosto, en vísperas de la Fiesta de la Transfiguración (6), y rebautizaron a la zona como El Salvador.

Allá, la multitud sale en procesión desde la basílica del Sagrado Corazón hasta la catedral de San Salvador, con la imagen de Cristo vestido de rojo encima del mundo. Frente a la catedral el mundo se abre y la imagen se sumerge en el mundo, mientras la gente espera con gran alegría. Poco a poco el mundo se vuelve a abrir, Cristo emerge otra vez, salen palomas, explotan los fuegos artificiales, toca la banda militar, la gente aplaude en medio de una gran algarabía y gozo por ver a Cristo transfigurado. Al día siguiente, 6 de agosto, se lleva a cabo la solemne misa con el alto clero.

Esta fiesta religiosa en Washington incluyó una procesión por las inmediaciones de la basílica de la Inmaculada, una misa con el obispo auxiliar de Washington, monseñor Mario Dorsonville, y luego un convivio donde se degustaron platillos típicos salvadoreños.

El padre Moisés Villalta, afirmó que este año, las fiestas patronales de El Salvador fueron dedicadas al beato Óscar Arnulfo Romero, quien será canonizado el 14 de octubre en el Vaticano.

"Es muy típico de los salvadoreños, caminar y manifestar su fe de forma pública. La fe no es privada, es para compartir con los demás, y esa fe hace que salgan a las calles a manifestar que Cristo está vivo y que camina con el pueblo", dijo el fraile capuchino y homilista.

Afirmó que las manifestaciones de religiosidad popular de los católicos hispanos son una contribución a la iglesia norteamericana.

La celebración contó con el auspicio de 32 negocios hispanos. Los fondos recaudados se usaron para cubrir los gastos y el resto será enviado para apoyar la Fundación Monseñor Romero en El Salvador, la cual se encarga de la canonización del beato. Quien desee contribuir, puede escribir al padre Moisés a [email protected].