Miembros de los Caballeros de Colón custodian la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en el Santuario Nacional San Juan Pablo II en Washington.
Miembros de los Caballeros de Colón custodian la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en el Santuario Nacional San Juan Pablo II en Washington.

La madre de Dios fue una mujer de oración, conoció a Dios, recibió el mensaje, se llenó de esperanza y era feliz.

Así describió a la Virgen María, el obispo auxiliar de Washington, monseñor Mario Dorsonville, durante una vigilia de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe el 11 de diciembre en el Santuario Nacional San Juan Pablo II en Washington.

El prelado instó a los presentes a imitar a María y -ante las incertidumbres de la vida o cuando ocurre algo que no esperamos- preguntarle a Dios:¿Qué quieres, Dios, que haga en mi vida?, ¿cómo quieres que sirva?" 

"En medio de las dificultades, siempre vamos a encontrar solución. Tenemos que acercarnos a Dios, ser gente de fe, no arrinconarnos", dijo durante su homilía.

A propósito de la patrona de América y advocación que nos recuerda a los más desvalidos de la sociedad, el obispo pidió tener en cuenta a los inmigrantes sin documentos y a los refugiados. 

"Ellos viven un drama, sufren por la pobreza, son invisibles. Tenemos que rezar por ellos, acompañarlos. Acompañar significa caminar con esa persona, orar con ella y por ella, servirle". 

"Hay millones de desplazados en el mundo y no lo hacen por diversión, sino porque están batallando por sobrevivir", destacó monseñor.
Invitó una vez más a los fieles a acercarse a la vida sacramental de la Iglesia y así fortalecer su espiritualidad. "Seamos reales instrumentos del amor de Dios y digamos: Sí, señor, quiero ser una persona santa", les instó.

Seguidamente, los presentes oraron por la Iglesia de los pobres en América Latina, por los países sumidos en la pobreza y por aquellos que son perseguidos por su credo.