El papa Francisco saluda a los embajadores acreditados ante el Vaticano. Foto/VN
El papa Francisco saluda a los embajadores acreditados ante el Vaticano. Foto/VN

El papa Francisco recordó este jueves a los presentes el 100 aniversario del final de la Primera Guerra Mundial, una tragedia de inmensas proporciones que mi predecesor Papa Benedicto XV definió una “inútil tragedia”. Que las lecciones que se recogieron de estas dos grandes guerras, y que sirvieron para la creación de la Organización de las Naciones Unidas, puedan convencer a los pueblos del mundo y a sus líderes sobre la inutilidad de los conflictos armados y la necesidad de resolver las controversias a través del diálogo paciente y las mediaciones.

Francisco les dijo a los embajadores que lleva consigo una esperanza, apoyada en la oración, que cada una de estas misiones al servicio de sus respectivas naciones contribuirán en el noble objetivo de “establecer entre los hombres una paz fundada en la justicia y en el amor y para obtener los medios necesarios para su alcance”. Hace poco, dijo, la comunidad internacional celebró también otro aniversario significativo, los 70 años de la adopción de la Declaración Universal de las Naciones Unidas, sobre los derechos del Hombre.

Este documento fundamental sigue guiando los esfuerzos de la diplomacia internacional para garantizar la paz en el mundo y promover el desarrollo integral de todo individuo y de todos los pueblos. Los dos objetivos son, en efecto, inseparables. El Pontífice dijo que, al inicio del documento, se establece que “el reconocimiento de la dignidad inherente y a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos, iguales e inalienables, es el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo”.

La migración

En estos tiempos de profundos cambios sociales y políticos, es necesario el compromiso hacia este principio, por parte de los gobiernos y pueblos. Es esencial, les dijo que el respeto por la dignidad humana y por los derechos humanos inspire y dirija cada esfuerzo para afrontar las graves situaciones de guerra y conflictos armados, de pobreza oprimente, discriminación y desigualdad que afligen nuestro mundo y que en los últimos años han contribuido en la presente crisis de las migraciones de masa.

Por último, el Papa dijo que ninguna solución humanitaria eficaz a este problema acuciante puede ignorar la responsabilidad moral, con la debida atención al bien común, para acoger, proteger, promover e integrar a quienes llaman a nuestras puertas en busca de un futuro seguro para ellos y sus hijos. La Iglesia, por su parte, está comprometida en trabajar con todo interlocutor responsable en un diálogo constructivo para proponer soluciones concretas a estos problemas humanitarios urgentes, con el objetivo de preservar vidas humanas y la dignidad, aliviando sufrimientos e incrementando un auténtico e integral desarrollo. Vaticano News