Carismática de Washington
Miembros de diferentes parroquias 
de la Arquidiócesis de Washington, en su gran mayoría salvadoreños, muestran su alegría en el aeropuerto antes de viajar al Vaticano para participar de la canonización de monseñor Óscar Arnulfo Romero. (Foto/cortesía Renovación)
Carismática de Washington Miembros de diferentes parroquias de la Arquidiócesis de Washington, en su gran mayoría salvadoreños, muestran su alegría en el aeropuerto antes de viajar al Vaticano para participar de la canonización de monseñor Óscar Arnulfo Romero. (Foto/cortesía Renovación)

La canonización del beato monseñor Óscar Arnulfo Romero ha colmado de emoción a la comunidad salvadoreña del área metropolitana, a tal punto que algunos ya están en el Vaticano para ser parte de la ceremonia que va a presidir el papa Francisco el domingo 14 de octubre.

“Para mi familia es una bendición de Dios poder ir a la canonización, que será especial para mí porque monseñor Romero me bautizó en 1962. Ser parte de la ceremonia será como volver a mis raíces, como nacer de nuevo”, expresó Eduardo Cerritos. “Siempre lo he tenido en mi mente y en mi corazón, junto con mi esposa Alba hemos estado orando el santo rosario cada día por su canonización”, dijo quien es uno de los cincuenta parroquianos de la Arquidiócesis de Washington que conforman la delegación.

“Pienso que es una gran bendición para los salvadoreños tener un santo de nuestro país, un santo de nuestra época. ¡Es un acontecimiento muy grande para todos los salvadoreños!”, agregó antes de partir hacia Roma.

Aunque Eduardo tiene 37 años viviendo en Estados Unidos y Alba 17, ellos no pierden el interés, la conexión y el amor por su patria natal. “Nos sentimos orgullosos y contentos de tener esta celebración y poder tener este santo de nuestro país”.

Alba se siente más que feliz y muy agradecida con el Señor -según confesó a El Pregonero. 

Desde que se casaron hace veinte años, tienen la costumbre de rezar el rosario en familia y pedir por la canonización de Romero. No abandonaron sus plegarias desde que el proceso comenzó e incluso cuando estuvo ‘paralizado’. El 24 de marzo de 1990 se dio inicio a la causa de canonización de monseñor Romero. En 1994 se presentó de modo formal la solicitud y recién el 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir «por odio a la fe».

“Estábamos seguros de que Dios iba a hacer el milagro -dijo Alba- y ahora que se da, nos sentimos felices”.

Recalcó que Romero dio la vida por los pobres y su canonización es una respuesta de Dios.

Su vida, su historia -dice- es causa de admiración e insta a seguir sus pasos, a luchar por la justicia, los más vulnerables, los que no tienen voz.

“Luchó y fue humilde. Él es testigo de amor, de verdad. Se entregó totalmente, aunque sabía lo que podía pasar”.

Eduardo y su esposa Alba son ministros de la eucaristía y coordinadores del grupo de oración de la renovación carismática de la Iglesia San Judas Tadeo de Rockville, Maryland. En esta oportunidad se unen a feligreses de San Marcos y de otras parroquias en lo que será -sin duda- una experiencia de fe 

inolvidable del 9 al 16 de octubre. Otro grupo paralelo, conformado por 35 fieles y coordinado por el padre Moisés Villalta del Santuario del Sagrado Corazón, también está en Roma.

Sí es posible ser santo

Cecilio Cornejo y su esposa María Lorena, ambos salvadoreños residenciados en Germantown, Maryland, emprenden un viaje a Roma con mucho sacrificio y expectativas. Aseguran que hacen el esfuerzo porque la canonización del beato Romero significa mucho para ellos y confiesan las razones personales que les impulsan a participar en una ceremonia de repercusión mundial.

Qué Romero se convierta en santo es una manifestación de justicia hacia quien fuera arzobispo de San Salvador, dicen estos parroquianos de la Iglesia San Rafael de Rockville.

Recuerdan que la opinión pública en su país natal estaba dividida con respecto a él. Ahora, con el reconocimiento de la Iglesia a Romero, se ratifica que la mayoría del país estaba en lo correcto al apoyar a su pastor -dicen.

“Nunca tuve dudas, pero me ponía triste por los que sí tenían dudas”, confesó Cecilio antes de partir este martes hacia Italia.

Para él, esta canonización significa que Dios está vivo y que hoy en día hay personas de Dios que viven en la santidad. 

Reconoce que suele malinterpretarse el concepto de santidad y admite que él mismo no lo tenía claro. Antes, Cecilio pensaba que podía obtenerse sólo mediante la oración y que no era ni cercana ni cotidiana. Con este proceso de santificación de monseñor Romero, sus perspectivas han cambiado. 

Pudo ver a Romero en carne y hueso, escucharle en medio de la multitud y sentir su impacto. Romero nos enseña que ayudando a los pobres y defendiendo la justicia también se alcanza la santidad -subrayó.

“Antes pensaba que uno no podía alcanzar la santidad, hoy pienso que en ese camino sí es posible lograrla. Puedo sentir en mi historia de vida que he visto caminar a un santo” dijo.

“Él nos inspira a seguir adelante, a no darnos por vencidos”, expresó este inmigrante convencido de que el primer santo de El Salvador nos invita a ser luchadores. 

En un momento cuando pudo hacerse a un lado o echarse para atrás, Romero optó por defender a los pobres y los necesitados, por buscar la justicia encarando a los poderosos y los que más tienen -recordó-. “No fue fácil, pero la verdad siempre sale a la luz y termina ganando”, dijo quien ve la santidad de otra manera.

Considera que la oración es importante, pero -haciendo eco de las palabras del beato- dice que si no va acompañada de acciones la fe se mantendrá dormida. “Él me inspira a luchar y a llevar la fe a la acción, sin tenerle miedo al precio”.

Al pensar en Romero, le viene a la mente Jesús. “Él sabía que corría peligro, pero continuó firme en lo que creía. Hablaba por los otros y todo lo hizo por los más necesitados. Por eso, me inspira a ser fiel a la verdad y me invita a levantar la voz por los demás”.