Las obras realizadas por el cardenal Donald Wuerl demuestran su auténtico liderazgo. (Foto/Jaclyn Lippelmann)
Las obras realizadas por el cardenal Donald Wuerl demuestran su auténtico liderazgo. (Foto/Jaclyn Lippelmann)

El papa Francisco ha aceptado la renuncia de nuestro arzobispo, el cardenal Donald Wuerl, por lo que ahora nos preparamos para un nuevo arzobispo por primera vez en 12 años. Los sentimientos y las emociones son fuertes al tiempo que continuamos enfrentando la crisis de abuso, pero considero importante compartir mis pensamientos sobre el cardenal Wuerl como el hombre que he llegado a conocer y en su decisión de hacerse a un lado para dejar espacio a nuevos líderes.

En primer lugar, me siento orgulloso de haber servido con el cardenal Wuerl a quien considero un amigo. Ha sido muy bueno conmigo personalmente en su tiempo como nuestro pastor, y la arquidiócesis ha logrado mucho bajo su liderazgo. Pienso especialmente en sus esfuerzos para mejorar la evangelización, mejorar nuestras escuelas y su constante apoyo y compromiso con nuestra labor de servir a los necesitados en Caridades Católicas. Los programas como “La luz está encendida para ti” y “El regalo perfecto” que se centran en el verdadero significado de la Navidad son sólo dos ejemplos e ideas que llegaron a ser muy bien conocidas en nuestra arquidiócesis y que ahora también las utilizan en otras diócesis.

Cuando miro su legado, me siento orgulloso de él y de hecho de toda la arquidiócesis como hemos trabajado juntos para lograr muchas cosas buenas en nombre de la Iglesia.

En segundo lugar, me conmovió la decisión del cardenal Wuerl de pedirle al papa Francisco personalmente que aceptara su dimisión que presentó hace casi tres años (cuando él cumplió 75 años). No importa cómo te sientes acerca de sus acciones en Pittsburgh, si él podría haber hecho más o hacer cosas diferentemente, fue muy valiente de su parte y esencialmente decir equivocado o no él se había convertido en un “pararrayos” en la crisis actual y le pareció mejor que hubiese un nuevo liderazgo para el bien de las víctimas, la arquidiócesis y toda la Iglesia.

Fue un acto de humildad y caridad que habla de su liderazgo de servicio. Él decidió actuar no en su propio egoísmo, sino en lo que él sentía que era mejor para otros y para la Iglesia y para ayudar a que brille la luz de Jesús y lograr la sanación para todos.

Nunca creeré que las decisiones tomadas por el cardenal Wuerl en Pittsburgh fueron tomadas con alguna pizca de imprudencia, malas intenciones o deseo de encubrir los horribles pecados de otros. Creo que fue un fiel defensor de las víctimas, y que hizo su mejor esfuerzo para asegurarse de que cualquier abuso que requirió su atención fuera detenido. Como usted puede haber oído, cada sacerdote que fue acusado de abuso había sido destituido de su ministerio cuando el cardenal Wuerl dejó Pittsburgh. Aún así, injustamente, él ha cargado con gran parte de la crítica e indignación con respecto a los despreciables actos que ocurrieron allí.

Me doy cuenta de que algunos piensan que algunas de sus acciones no se hicieron lo suficientemente rápido o no puedan haberse hecho con suficiente claridad, pero creo que el cardenal Wuerl siempre hizo lo que él creía era lo mejor en ese momento. Él mismo ha dicho que en retrospectiva le gustaría haber hecho algunas cosas diferentemente, y ha expresado esto claramente:

“Por mis deficiencias del pasado y del presente asumo la responsabilidad total y desearía poder limpiar el dolor, confusión y desilusión que las personas sienten y desearía poder rehacer algunas decisiones que he hecho en mis tres décadas como obispo y cada vez hacerlo bien. Como lo he dicho en una serie de cartas a los sacerdotes en la arquidiócesis, ojalá que puedan palpar algo de mi angustia por aquellos que han sufrido y mi dolor por cualquiera de mis fracasos y acompañar a los que han sido abusados y todos aquellos que ahora siente un sentimiento de alienación”.

 “En mi corazón, ahora me pregunto cómo puedo servir mejor a esta iglesia que, también, amo mucho. El asunto es cómo empezar a aportar con eficacia un nuevo nivel de sanación a los sobrevivientes quienes personalmente han sufrido tanto y a los fieles que también han sido heridos por la vergüenza de estas terribles acciones y cuestionar la capacidad de su obispo para brindar el liderazgo necesario. Así, entre las muchas observaciones que he recibido en las conversaciones con los demás es que, como parte de ese principio de sanación, la arquidiócesis estaría bien servida por nuevos líderes para ayudar a superar la actual confusión, desilusión y desunión”.

En tercer lugar, como ustedes, siento una profunda tristeza por la crisis del abuso, especialmente por las víctimas cuyas vidas fueron destrozadas por los que se supone que son paradigmas de virtud y amor basado en la vida de Jesús. Sigo triste y dolido por los errores que se cometieron por muchos obispos tratando de lidiar con una crisis terrible. También estoy triste por los fieles que luchan con la ira, la confusión y la duda. Y estoy triste por el cardenal Wuerl, al mismo tiempo que respeto su decisión. Él dio un paso al frente e hizo algo en nombre de las víctimas y la Iglesia que muchos otros tal vez no estén dispuestos a hacer.

Gracias, su eminencia, por su liderazgo, su compromiso con el bien de la Iglesia, su amistad conmigo y su gran amor por los pobres que he visto una y otra vez a través de todos sus esfuerzos en Caridades Católicas. Agradeceríamos su asistencia continua en los años venideros.
Ruego para que la valentía del cardenal Wuerl junto con el nombramiento de un nuevo arzobispo ayuden a sanar a las víctimas y a toda la Iglesia. Jesús vino no para ser servido, sino a servir. Si todos vivimos de esa misma manera, la luz de Jesús brillará a través de nosotros y nos permitirá “sanar los corazones destrozados y vendar sus heridas.” (Salmo 147,3)