Para muchas familias las bolsas repletas con productos de primera necesidad, que semanalmente son repartidas en varias parroquias de la Arquidiócesis de Washington, se han convertido en una bendición. Ya sea por su condición de desamparados, desempleados, enfermos o discapacitados, al recibir los alimentos donados por personas e instituciones de buen corazón dan gracias a Dios por tener el pan de cada día.

Gracias al trabajo de Caridades Católicas de Washington, en cooperación con diferentes programas de asistencia de alimentos, las personas necesitadas saben que en las parroquias como Sagrado Corazón, San Martín de Tours, Santa Catalina Labouré, Mother Seaton, Nuestra Señora Reina de las Américas, San Marcos Evangelista, Nuestra Señora de Lourdes y la Catedral de San Mateo pueden encontrar algún tipo de solución a sus problemas.

Ese ritual de solidaridad se cumple cada semana con la discreción del caso: decenas de voluntarios entregan las bolsas con alimentos y hacen eco de la constante exhortación del papa Francisco para auxiliar a los que pasan hambre y socorrerlos de una manera digna.

La repartición gratuita de alimentos a familias necesitadas no es nueva en nuestra arquidiócesis. Desde hace años Caridades Católicas de Washington ha establecido diversas formas de canalizar la donación y distribución de comida fresca o enlatada, la cual va desde dejar los alimentos en las oficinas parroquiales como entregarlas a los denominados bancos de alimentos. 

Uno de los coordinadores del Banco de alimentos del Centro Hispano recordó que el solicitar alimentos no debe ser visto como algo negativo, sino como una forma de velar por la unidad e integridad de la familia. “Muchos hispanos nos solicitan ayuda todas las semanas y nosotros tratamos de responder de la manera más generosa”.  

Como se recuerda, en marzo de este año el papa Francisco pidió durante una audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro pensar en los muchos “niños hambrientos” que hay en el mundo de hoy y denunció que “la comida no es propiedad privada”.

“Pensamos en los niños que están en países en guerra: los niños hambrientos de Yemen, los niños hambrientos en Siria, los niños hambrientos en muchos países donde no hay pan, en Sudán del Sur. Pensamos en estos niños y al pensar en ellos, juntos decimos en voz alta la oración: “Padre, danos hoy el pan de cada día”, afirmó el Santo Padre.

También recordó el valor que tienen estas palabras en partes del mundo donde no hay nada para comer. “Cuántas madres y padres, incluso hoy, se van a dormir con el tormento de no tener suficiente pan mañana para sus hijos. Imaginamos esta oración recitada no en la seguridad de un apartamento cómodo, sino en la precariedad de una habitación en la que nos adaptamos, donde no hay suficiente para vivir”.

El papa Francisco, durante un encuentro de fieles en el verano de 2018, dijo que los restos de comida deberían servir como alimento para la reflexión en lugar de tirarlos a la basura. “Pienso en las personas que están hambrientas y en cuántos restos de alimentos tiramos”.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, al menos un tercio o lo equivalente a 1.3 mil millones de toneladas de comida se desperdician al año.