Hace más de dos años que vivo en Guatemala representando al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la organización humanitaria para la que trabajo. Hablar de nuestra labor, compartida con Cruz Roja Guatemalteca y los otros componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, nunca deja de ser especial. La audiencia y los espacios en los que me muevo varían, pero el mensaje que les comparto es siempre el mismo: presento nuestras preocupaciones y nuestros objetivos exclusivamente humanitarios y explico la lógica que guía nuestra acción humanitaria para proteger la vida y la dignidad de las personas que sufren las consecuencias de situaciones de violencia armada: los principios de independencia, neutralidad, imparcialidad, y en el centro de ellos, siempre, el de humanidad.

 Estos principios son una carta de presentación que nos define y que suele generar interés en nuestras contrapartes en Guatemala, y a la vez en mí, un sentimiento de exigencia y humildad: no hay responsabilidad mayor que pretender laborar para la humanidad y, sin embargo, nadie es dueño del sentido humanitario, humano o humanista.

 Estas palabras tienen la virtud de resonar profundamente en cada uno de nosotros sea cual sea nuestro origen y papel en la sociedad. Tienen mucho que ver con quiénes somos y qué hay en cada uno de nosotros. Y cabe señalar que, en Guatemala, quedan plasmadas en los fundamentos constitucionales del país: “La persona humana, fines y deberes del Estado” (Título I).

 El jurista especializado en derecho internacional humanitario Jean Pictet, humanista y gran personaje del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, en su comentario en la obra “Los Principios Fundamentales de la Cruz Roja”, expresa de manera simple estas características universales: “En el conocimiento del principio de la humanidad está la esencia de la moralidad social, que puede resumirse en una sola frase, todas las cosas que quieran que los hombres hagan con ustedes, así también hagan ustedes con ellos”.

 A las puertas de 2020, desde nuestra organización, vemos con preocupación que necesidades humanitarias como las dificultades de acceso a la educación y a los servicios de salud entre las personas más vulnerables persisten, y que perduran la desnutrición, la violencia armada, la violencia sexual, los desplazamientos y las desapariciones, éstas últimas concentradas a menudo en determinados lugares geográficos y afectando a las poblaciones desfavorecidas por factores como el género, el origen, la discriminación, la estigmatización y la situación socio-económica.

Personal de la Cruz Roja visita a una familia de bajos ingresos económicos en la zona agrícola de Guatemala. Foto/CR  

En un plazo de cuatro años, aunque es sin duda corto frente a estas necesidades y a otros grandes retos que Guatemala atraviesa, el próximo Gobierno tendrá decididamente oportunidades de actuar en favor de las personas vulnerables y el conjunto de los habitantes del país. Con tanto por hacer me pregunto ¿cuál será la postura del Estado frente a los desafíos humanitarios que se presentan en la actualidad? ¿Cómo interactuará con los actores humanitarios, nacionales e internacionales que trabajamos en el país? ¿Cómo responderá a las necesidades humanitarias de las personas?

 Una de las instituciones más importantes es la Cruz Roja Guatemalteca, justamente reconocida por liderar respuestas a necesidades humanitarias, en condiciones a menudo difíciles, a través de una extensa red de voluntarios y delegaciones en todo el territorio. Por otra parte, está el CICR, que trabajó en el país de manera intermitente en la segunda mitad del siglo XX hasta instalar una sede en Guatemala a partir de 1989.

 Si bien existe una gran variedad de datos y estadísticas sobre asuntos humanitarios que afectan a millones de guatemaltecos, y que son importantes evidencias para la toma de decisiones, para actores como nosotros estos indicadores se confirman también diariamente en la realidad que vivimos sobre el terreno:

La población que migra de Guatemala por la violencia y otros motivos sigue generándonos una gran inquietud al quedar expuesta a serias dificultades en su tránsito, retorno y en procesos de asilo. Como actor humanitario tratamos de mitigar algunas de las consecuencias que observamos entre las personas migrantes: muertes, lesiones físicas, separación de familias, desapariciones, endeudamientos de trágicas consecuencias que condicionan sus vidas. Aspectos a los que, a menudo, las políticas públicas no dedican la atención ni los recursos que merecen.

Otro reto es el trabajo en la búsqueda de personas desaparecidas y apoyo a sus familiares en procesos migratorios debidos al conflicto armado del pasado o por situaciones de violencia actual. Son todavía miles quienes sufren por estas circunstancias en Guatemala. En los años que llevo aquí he visto avances en la búsqueda de las personas desaparecidas, en apoyar a sus familias y en el reconocimiento social de su dolor, pero falta mucho por hacer.

 Todavía se debe reconocer oficialmente la necesidad de ofrecer respuestas y solidaridad a las víctimas de desapariciones en Guatemala. En este respecto, saludamos los esfuerzos realizados en el Legislativo en pos de una nueva ley marco para la búsqueda de personas desaparecidas y el acompañamiento a familiares.

 Reconocemos la importancia de los sistemas Alba-Keneth e Isabel Claudina, mecanismos que tienen como objetivo la búsqueda y localización de niños y mujeres reportados como desaparecidos, así como los esfuerzos en materia de búsqueda de migrantes, que se podrían concretar más aun con la implementación del Código Migratorio. Sin embargo, observamos quizás que el mayor desafío sigue encontrándose en la búsqueda de personas desaparecidas durante el conflicto armado, de cualquiera de las partes, y entre ellas miles de civiles, incluyendo niños. Estos últimos pueden en algunos casos ser hoy adultos que están vivos sin saber quiénes son sus familias, más de veintitrés años después de la firma de la Paz.

 Sabemos que una de las claves para responder a estas problemáticas humanitarias es el desarrollo de políticas públicas. En lo que concierne a la situación actual de seguridad, como organización humanitaria con un mandato de proteger y asistir a la población afectada por la violencia, recordamos la importancia de que las fuerzas armadas y de seguridad recurran a la fuerza solo como último recurso y en pleno respeto del derecho internacional y de los estándares internacionalmente reconocidos, incluso ante las situaciones tan difíciles que a veces se generan. Vemos por otra parte positivas las iniciativas de diálogos, incluidos los cívico-militares, en algunos de las cuales hemos sido invitados como observadores.

 También creemos necesario, con un sentido humanitario y pragmático, garantizar condiciones adecuadas de vida a las personas privadas de libertad, sean adultos o jóvenes, personas que deben ser tratadas con dignidad desde su captura hasta su excarcelación. Animamos a impulsar alternativas a una detención exclusivamente punitiva y carente de vocación resocializadora pues, desde nuestra experiencia, tienen mayores beneficios para la sociedad a corto y largo plazo.

 En términos prácticos, los millones de voluntarios y profesionales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, ofrecemos nuestro compromiso con encontrar soluciones para aliviar el sufrimiento de las personas acá en Guatemala así como en el resto del mundo, con humanidad, imparcialidad y neutralidad, mediante la acción humanitaria apolítica.

 Somos conscientes de que no se pueden separar las dinámicas estructurales que existen de las problemáticas humanitarias que tratamos de atender. Cambiar esas dinámicas requiere trabajar con las autoridades, las comunidades afectadas y los sectores implicados en las respuestas de la sociedad civil organizada.

 Hoy continúan existiendo auténticas tragedias humanas en Guatemala y, a pocos días de la toma de posesión de las nuevas autoridades del país, reconocemos la magnitud y multitud de desafíos humanitarios que persisten. Confiamos en que el relevo gubernamental ahondará en los cambios decisivos necesarios para los retos humanitarios que existen.

 Como CICR seguiremos privilegiando un diálogo constructivo, bilateral y confidencial y nos gustaría que tratemos juntos, con autoridades y los diversos sectores de esta sociedad, de identificar mejores modos de trabajar en favor de una dignidad humana que no debería ser nunca comprometida, y que tracemos planes para llegar a soluciones para tantas personas que necesitan ayuda: los desplazados, los desaparecidos y sus familiares, las personas privadas de libertad, las personas que viven en entornos violentos.

 Para concluir, saludo las acciones y esfuerzos en curso por múltiples instituciones y miembros de la sociedad civil y hago un llamamiento sincero a que Guatemala se concentre en los próximos años en trabajar en estos desafíos humanitarios, a que trate de convertirlos en prioridades de la agenda pública y dotarlos de reconocimiento social, de destinar a ellos inversión y diálogo, para entre todos construir un entorno que noblemente nos haga a todos más humanos. EFE

Artículo escrito por Kian Abbassian, Jefe de Misión del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Guatemala.