La radicalización de las medidas federales en contra de los inmigrantes indocumentados también golpea de manera directa a varios fieles que se congregan en las parroquias. Los casos más comunes son deportaciones inesperadas, arrestos sorpresivos o imposibilidad de regresar al país por trámites migratorios engorrosos, lo cual obliga a los grupos parroquiales a brindar asistencia solidaria a las familias, especialmente niños, que se encuentran en abandono.

Todas las semanas los voluntarios parroquiales reciben informaciones relacionadas con familias en necesidad e inmediatamente se organizan para realizar actividades que permitan costear desde los alimentos básicos hasta cubrir parte de la renta de los departamentos que ocupan. La identidad de los necesitados se mantiene en reserva, pero todos los actos de recolección de fondos o donaciones siempre son públicos y después de las misas dominicales. 

La gravedad de los problemas obliga a los voluntarios, en coordinación con los sacerdotes de sus parroquias, a programar visitas a las familias necesitadas y reuniones para planificar acciones que contribuyan a paliar la situación. 

El sacerdote Evelio Menjívar-Ayala, párroco de la parroquia St. Mary, admitió que muchos de los fieles sienten preocupación por la poca tolerancia que existe en materia migratoria y las noticias que advierten sobre redadas masivas. “Por ejemplo, en mi parroquia tenemos una madre de familia con dos niños que su esposo lleva cuatro meses en El Salvador esperando que le entreguen su residencia. Los pequeños extrañan a su padre y ella no puede solventar sola los gastos que implica mantener una casa, por lo que toca ayudarla”, explicó.

El religioso agregó que como cristianos no podemos ignorar las penurias de los inmigrantes indocumentados, así como tampoco se puede olvidar que la palabra de Dios nos pide que ayudemos siempre a los hermanos que sufren y tienen necesidades. 

El padre Erick López, de la parroquia San Camilo, afirma que muchos de sus feligreses (inmigrantes indocumentados) se confiesan preocupados por el bienestar de sus familias, siendo su principal temor que sean separados de sus familias y deportados a un país donde la violencia de las pandillas y la delincuencia se han apoderado de varias ciudades. “Nuestra respuesta se basa en el amor y en las enseñanzas del Evangelio. No podemos renunciar a socorrer a nuestros hermanos”. 

Puntualizó que los inmigrantes llegan buscando vivir con dignidad y tener una oportunidad para trabajar. “El sufrimiento innecesario de las familias no se puede aceptar. Como Iglesia tenemos que estar al lado de los que sufren”. 

En semanas recientes, los feligreses de la parroquia St. Catalina Labouré se movilizaron para ayudar a una madre de familia cuyo esposo fue detenido por los agentes de inmigración. En pocos días organizaron un festival de comida y consiguieron los fondos iniciales para solventar la defensa del inmigrante de origen salvadoreño. 

“Nuestra comunidad siempre se ha caracterizado por ser unida, solidaria y consecuente con el Evangelio. No es la primera vez que brindamos apoyo a una familia inmigrante, hace unos meses también tuvimos que atender a varios feligreses que experimentaban problemas de carácter migratorio”, manifestó Joaquín Trejo, director de educación religiosa en dicha parroquia. 

Indicó que las acciones parroquiales también responden a la exhortación hecha en agosto por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos que pide alzar la voz en defensa de los niños migrantes y sus familias.

Hace unos meses, el papa Francisco fue claro al señalar que se encuentra “profundamente entristecido” por los problemas de los inmigrantes centroamericano que buscan ser aceptados en Estados Unidos. “Tenemos que rezar y ayudar a todos los migrantes que intentan huir de la guerra y la miseria”, agregó.

…………