Al grito de "Esta es nuestra casa", dos centenares de jóvenes “dreamers” (soñadores) y activistas a favor de la inmigración iniciaron el último fin de semana una marcha de 230 millas y dieciocho días desde Nueva York hasta Washington, donde el 12 de noviembre comenzará un juicio decisivo sobre el programa DACA, que evita sus deportaciones.

 En un parque al sur de Manhattan y con la Estatua de la Libertad de fondo, organizaciones civiles y cargos políticos, entre ellos la fiscal general del estado, Letitia James, ofrecieron su apoyo a estos “caminantes”, que no pararán hasta llegar a las escaleras del Tribunal Supremo y reivindicar los derechos de los inmigrantes del país.

 El Supremo escuchará ese día los argumentos de los defensores del DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), creado en 2012 por orden ejecutiva del entonces presidente Barack Obama, frente a los de la actual Administración de Donald Trump, que anunció su intención de rescindirlo en 2017.

 Una vez escuchados los argumentos, el más alto tribunal del país decidirá en la primera mitad de 2020 si Trump tiene poder o no para poner fin al DACA, que protege de la deportación y permite trabajar legalmente a sus beneficiarios, más de 700.000 jóvenes que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños.

 Uno de organizadores de la marcha es el mexicano Martin Batalla Vidal, que hace dos años demandó a Trump en una corte federal en Nueva York para combatir la rescisión del DACA y dio lugar a un caso al que se sumaron otros beneficiarios como él y la ONG Make The Road, de la que es integrante.

 En declaraciones a Efe, Batalla, de 28 años, afirmó que quiere “ser la voz” no solo de los beneficiarios del DACA, sino también del TPS (Estatus de Protección Temporal), que ha sido eliminado para varios países y afecta a unas 300.000 personas, así como “para los once millones de indocumentados que no tienen alivio migratorio”.

 “Un papel no define quiénes somos, llevamos aquí desde pequeños. Somos estadounidenses de corazón, esta es nuestra casa y no nos vamos a ir”, aseguró el joven, que nunca pensó que el caso fuera “a llegar a este extremo” y agradeció el apoyo de la “comunidad detrás de nosotros”.

 “Yo denuncié porque DACA me dio el valor de decir quién era. Antes tenía mucho miedo de decir que era gay e indocumentado por temor a que me deportaran, que me separaran de mi familia”, recordó Batalla, un auxiliar de enfermería que atribuye a este programa la “oportunidad” de estudiar y ser útil a la sociedad.

 La partida de la marcha transcurrió en un ambiente familiar y entre cantos reivindicativos de los colectivos presentes, como el grupo coreano National Korean American Service & Education Consortium (NAKASEC), cuya líder, Esther Jeon, coorganizadora de la caminata, urgió a una mayor movilización de la sociedad.

 “Organizarnos funciona y por eso lo hacemos. Fue el poder de la gente el que nos dio el DACA en 2012. No ganamos por la generosidad de la Administración Obama, sino (…) porque otros jóvenes activistas indocumentados antes que nosotros lucharon por nuestra liberación colectiva”, afirmó Jeon.

 “Nuestra liberación colectiva requiere más que renovar dos años las protecciones contra la deportación (…) Justicia para nuestras comunidades es desmilitarizar las fronteras, abolir el ICE (autoridad migratoria), cerrar los campos de concentración que el Gobierno financia cada año y lograr la ciudadanía para once millones de indocumentados”, recalcó.

 Los manifestantes, que marcharán bajo el lema “Home is here” (El hogar está aquí) animaron a la gente a unirse a la causa a su llegada a Washington o en las redes sociales, donde la fiscal neoyorquina James señaló que defenderá el DACA en el Tribunal Supremo. EFE