La naturaleza proporciona las sustancias necesarias para sanar y cuidar el organismo humano. El estudio de las propiedades de las plantas y sus beneficios es una tarea a la que se dedica el Ingeniero Técnico Agrícola, Jabier Herrero Lamas, que ha escrito varios libros sobre las deducciones que sigue extrayendo de este fabuloso mundo natural.

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+ La finca Azaroa, ubicada en el Valle de Lecrín, en Granada (sur de España), constituye la base de su gran proyecto y donde, desde hace 15 años, el ingeniero agrícola experimenta con las plantas para “obtener resultados en el organismo a niveles físicos, cognitivos y emocionales”. 

+ Para el técnico agrícola esta labor “quizás tenga un poco que ver con eso que se llama biofilia. Esto no es otra cosa que el amor por la vida y el mundo vivo. Tenemos una necesidad innata, debido a que hemos evolucionado conjuntamente con la naturaleza, de contactar con ella. Nos sentimos bien, en situaciones normales (no de peligro) inmersos en ella”.

+ Herreros Lamas indica que “la terapia hortícola es una herramienta sociosanitaria que propone que, mediante el trabajo en un huerto o en un jardín en contacto con el aire libre podemos, no solamente trabajar en el desarrollo y estimulación de nuestros sentidos, sino lograr unos efectos muy positivos en el tratamiento para la mejora de enfermedades a nivel psicomotriz, a nivel cognitivo y a nivel emocional”.

Herreros Lamas es un apasionado de las plantas medicinales en las que lleva investigando más de treinta años para lograr su objetivo, la consecución de una vida saludable para los seres humanos y la naturaleza. 

La finca Azaroa, ubicada en el Valle de Lecrín, en Granada (Andalucía, España), constituye la base de su gran proyecto hecho realidad y donde desde hace 15 años el ingeniero agrícola experimenta con las plantas para “obtener resultados en el organismo a niveles físicos, cognitivos y emocionales”. 

Jabier Herreros Lamas muestra en la finca Azaroa a algunos alumnos las cualidades de algunas plantas. Foto/cortesía de Herreros Lamas

En Azaroa, explica Herreros Lamas, “he podido cultivar, investigar y divulgar los beneficios del uso de las plantas medicinales y de la relación y contacto con la naturaleza para nuestro organismo. Ahora este proyecto ha llegado a su fin y sigo en el mundo de los cuidados, ya no sólo de las plantas, sino, sobre todo, de las personas”. 

Para el técnico agrícola esta labor “quizás tenga un poco que ver con eso que se llama biofilia. Esto no es otra cosa que el amor por la vida y el mundo vivo. Tenemos una necesidad innata, debido a que hemos evolucionado conjuntamente con la naturaleza, de contactar con ella. Nos sentimos bien, en situaciones normales (no de peligro) inmersos en ella”.

“En la actualidad el problema es que parece que no necesitamos la naturaleza para sobrevivir o eso es lo que parece que creemos con nuestro comportamiento”. 

En los planes de diseño urbanístico de las ciudades superpobladas, la naturaleza no ha sido incluida, sino que, al contrario, mantiene Herreros, ha supuesto un obstáculo para ellas. 

Sin embargo, piensa que es más bien la implantación de un modelo del pensamiento del ser humano que se ha extendido, que es la ambición de querer ser urbano y considera que también se ha propagado por el mundo rural, “donde la batalla contra la naturaleza no lo es menos que en la ciudad”.

Las botánicas venden productos naturales para remedios populares que se usan para combatir el chikunguña en Puerto Rico. Foto/EFE

EFECTOS DEL ALEJAMIENTO DE LA NATURALEZA

“Desde mi punto de vista, estamos condicionados genéticamente para vivir con la naturaleza. Nuestros ritmos respiratorios, cardíacos y de actividad están también muy condicionados por sus propios ritmos estacionales, electromagnéticos y cósmicos. Nuestro estilo de vida nos impone reglas nuevas que entran en desfase con estos ritmos”, indica. Y subraya que el estrés crónico es uno de los más graves efectos al que debemos hacer frente. 

Herreros Lamas argumenta que “la terapia hortícola es una herramienta sociosanitaria que propone que, mediante el trabajo en un huerto o en un jardín, en contacto con el aire libre, podemos trabajar en el desarrollo y estimulación de nuestros sentidos y lograr unos efectos muy positivos en el tratamiento para la mejora de enfermedades a nivel psicomotriz, a nivel cognitivo y a nivel emocional”.

Mediante la realización de actividades orientadas y centradas para diversas problemáticas, según el experto, podemos conseguir una reducción significativa del dolor, de la ansiedad, de la fatiga física y mental, de la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como la recuperación de habilidades físicas, emocionales y cognitivas. 

Varios pomelos en una plantación en Modesto, California (EEUU). Foto/EFE

¿QUÉ ES UN BAÑO DE BOSQUE?

Herreros Lamas explica en qué consiste el baño de bosque del que habla en sus libros:. 

“Si en la terapia hortícola la acción es la del hacer (sembrar, plantar, regar, recolectar), en el baño de bosque la acción es la “no acción”. Un baño de bosque es un paseo tranquilo por un bosque en el que nos marcamos como uno de nuestros objetivos centrarnos en el momento que estamos viviendo”. 

“Observamos, no analizamos, no buscamos causas, miramos desde dentro, no desde fuera, nos concentramos en lo que vemos, en lo que tocamos, en lo que oímos, en lo que probamos o en lo que olemos. Precisamente uno de los responsables de los efectos que produce en nosotros un baño de bosque se centra en la acción de las fitoncidas o esencias de los árboles”, mantiene el ingeniero agrícola. 

Para Herrero Lamas, estas esencias son fundamentalmente terpenos como el limoneno (con acción antioxidante y estimuladora del sistema inmunológico) o el beta pineno (con acción broncodilatadora, antiinflamatoria o fortalecedora de la memoria). Estas esencias se concentran también en el resto de la vegetación del bosque y en sus rocas. 

Selección de productos silvestres que los cocineros del restaurante pop-up “Picnic Salvaje”, de Palma de Mallorca, han seleccionado para preparar su menú compuesto por jarrones con flores y hierbas silvestres que se pueden mojar en salsas varias; pesto de hierbas salvajes, gnoquis y flores de caléndula; y ceviche de cerezas, níspero, hinojo y flores de salvia. Foto/EFE

Según el especialista, “cuando llueve, las esencias se dispersan de un modo especial. La tierra, debido a la presencia de unas bacterias que fortalecen nuestro sistema inmunológico, las Mycobacterium vaccae, también desprenden sus esencias. Cuando paseamos por un bosque ingerimos bacterias, fortalecemos nuestra flora intestinal y gracias a ellas mejoramos nuestro sistema defensivo y segregamos serotonina, la hormona de la felicidad”. 

“Sería fabuloso contar con un sistema de salud que pensara en huertos, jardines, bosques y granjas como partes de un sistema sanitario que orientara hacia ellos prescripciones médicas y tratamiento para múltiples afecciones. No digo que sea una panacea y que con esto solucionamos todo el problema. De lo que sí estoy seguro es de que, al menos, se conseguiría reducir de forma importante la cantidad de medicación con la que nos alimentamos diariamente”, concluye Jabier Herreros Lamas.

* La nota es un reportaje de la agencia EFE escrito por  Isabel Martínez Pita.