La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano fue inaugurada por Juan Pablo II el 27 de enero de 1979 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. La reunión comenzó un 28 de enero, con 356 participantes, para reflexionar sobre el tema: La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina.

El contexto en que se da esta Conferencia está marcado por los precedentes Sínodos de los Obispos (sobre la evangelización en 1974 y sobre la catequesis en 1977), de Pablo VI a través de la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, del Concilio Vaticano II y de Juan Pablo II, principalmente a través del Discurso inaugural. A continuación, fragmentos que hablan de temas cruciales.

La Unidad cultural de América Latina, resultado de un mestizaje cultural: “El Evangelio encarnado en nuestros pueblos los congrega en una originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se yergue al inicio de la Evangelización (DP 446)”.

“Esta religión del pueblo es vivida preferentemente por los «pobres y sencillos» (EN 48), pero abarca todos los sectores sociales y es, a veces, uno de los pocos vínculos que reúne a los hombres en nuestras naciones políticamente tan divididas. Eso sí, debe sostenerse que esa unidad contiene diversidades múltiples según los grupos sociales, étnicos e, incluso, las generaciones” (DP 447).

Cuando se refiere a los rasgos distintivos de las personas del continente, afirma: “El hombre latinoamericano posee una tendencia innata para acoger a las personas; para compartir lo que tiene, para la caridad fraterna y el desprendimiento, particularmente entre los pobres; para sentir con el otro la desgracia en las necesidades” (DP 17).

El episcopado en Puebla es consciente de que la población latinoamericana es fundamentalmente joven y que hay procesos sociales que van marcando cambios: “Ha tomado mayor conciencia de su dignidad, de su deseo de participación política y social, a pesar de que tales derechos en muchas partes están conculcados. Han proliferado las organizaciones comunitarias, como movimientos cooperativistas, etc., sobre todo en sectores populares” (DP 18).  y continúa: “Hay un creciente interés por los valores autóctonos y por respetar la originalidad de las culturas indígenas y sus comunidades. Además, se tiene un gran amor a la tierra” (DP 19).

Los obispos en Puebla identificaron algunas amenazas: la globalización como cultura universal, centrada en la vida urbana y con características avasalladoras de otras culturas (DP 53 y 416) y las actitudes consumistas (DP 55).

La opción preferencial por los pobres es una opción que nace en Medellín y que Puebla confirmó: “Volvemos a tomar, con renovada esperanza en la fuerza vivificante del Espíritu, la posición de la II Conferencia General que hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres” (DP 1134).

El Documento de Puebla describe con claridad quiénes son los pobres: “Rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables; los niños vagos y muchas veces explotados de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar”; y continúa en el número 33. “rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación”.

Puebla continúa enumerando detalladamente los rostros de indígenas, de campesinos, de obreros, de desempleados y subempleados, de marginados y de ancianos. “Compartimos con nuestro pueblo otras angustias que brotan de la falta de respeto a su dignidad como ser humano, imagen y semejanza del Creador y a sus derechos inalienables como hijos de Dios” (DP 40).

Los pobres son los que hacen crecer a la Iglesia en cuanto tal y por la razón que enunció Puebla: su potencial evangelizador (n. 1147).

La opción por los jóvenes es otra de las decisiones fundamentales de Puebla. Son la mayoría de la población del continente y enfrentan diversas problemáticas: “Por una parte, no podemos negarlo, se producen dolorosos conflictos generacionales entre padres e hijos; hay jóvenes que buscan únicamente el placer o conquistar una posición lucrativa y de prestigio, imbuidos de una filosofía de «arribismo» y de dominación. Pero, por otra, gracias a la educación que se realiza en la familia, en los colegios que han renovado su sistema educativo, en los grupos juveniles, hay también jóvenes que vibran por el descubrimiento de Cristo y que viven intensamente su Fe en el compromiso con el prójimo, particularmente con el pobre” (DP 95)

“Rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación” (DP 33).

Los obispos evidencian los desafíos que presentan los jóvenes de hoy: Inconformismo que cuestiona todo; espíritu de riesgo que los lleva a situaciones radicales; la libertad como aspiración personal más fuerte; sensibilidad a los problemas sociales; autenticidad y sencillez, así como un marcado rechazo a la hipocresía y a los anti-valores (DP 1168).

Otra realidad que aparece subrayada en Puebla es la de las Comunidades Eclesiales de Base: “Además de la familia cristiana, primer centro de evangelización, el hombre vive su vocación fraterna en el seno de la Iglesia particular, en comunidades que hacen presente y operante el designio salvífico del Señor, vivido en comunión y participación. Así, dentro de la Iglesia particular, hay que considerar las parroquias, las Comunidades Eclesiales de Base y otros grupos eclesiales” (DP 617). Vaticano News