Los sacerdotes de la arquidiócesis capitalina asistieron llenos de expectativas a la misa de instalación del arzobispo Milton Gregory, quien liderará a una familia de fe conformada por 655 mil feligreses.

Su responsabilidad y retos son mayúsculos. El Pregonero entrevistó a tres sacerdotes para conocer su sentir y sus expectativas.

“Le damos la bienvenida y recibimos con gran alegría al nuevo arzobispo de Washington”, expresó el padre Alejandro Díaz a nombre de su comunidad parroquial.

Afirma que para mucha gente en la arquidiócesis, los últimos seis meses han sido un tiempo de incertidumbre o preocupación. Sin embargo, dice que para la comunidad que él lidera en la parroquia Nuestra Señora Reina de las Américas, ha sido un tiempo muy valioso de oración.

“Hemos expresado nuestra gratitud a Dios por las enseñanzas recibidas del obispo saliente, hemos orado para sanar muchas heridas en personas afectadas, hemos pedido unidad en nuestra iglesia y -por supuesto- respeto y obediencia a nuestro nuevo guía”, señaló.

Afirmó que al concluir este tiempo de transición e iniciarse una nueva etapa, en su parroquia seguirán orando por la arquidiócesis y “por todos aquellos frutos que Cristo, en cabeza del arzobispo Gregory, nos regale a su iglesia en Washington”.   

En cada eucaristía, el padre Edgardo Jara, vicario de la parroquia San Camilo, ha venido orando para que el nuevo arzobispo de Washington sea un hombre de oración y cercano a su pueblo, un hombre santo.

“En esta transición, mi visión es un arzobispo que sea cercano a la gente, que sea pastor, que sea una persona que se interese por aquellos que están más necesitados pastoralmente, que quiera escuchar, saludar y que no le dé miedo estar entre la gente.”

“Hoy la Iglesia en Estados Unidos ha sido golpeada por los abusos sexuales y de poder, por eso se necesita un pastor que huela a oveja (como dice el Papa), que no sea un pastor de escritorio que vea las cosas de lejos, sino cercano a la gente, que acompañe los gozos, las alegrías de su pueblo”, agregó el sacerdote costarricense conocido entre la gente como “padre Lalo”.

Cree que sacerdotes y fieles piden algo más. No basta un mensaje enviado por escrito, lo que piden es “un pastor con presencia real como líder” -dijo quien es director espiritual del movimiento de cristiandad de la arquidiócesis.

El padre también habló de la importancia de que un arzobispo sea abierto a la diversidad, a las diferentes culturas y que se deje querer por la gente.

“Los fieles necesitan un pastor que refleje la cara de Cristo. Jesús se dejaba tocar, andaba en medio de la gente. Aunque sí se alejaba para momentos de oración y reflexión, su ministerio era entre la gente y esperamos esa cercanía del nuevo arzobispo Wilton Gregory con los fieles y también con los sacerdotes “, subrayó el padre franciscano que tiene cuatro años sirviendo en la Arquidiócesis de Washington.

Reconoce que le van a tocar momentos difíciles de sanación y reconciliación en la arquidiócesis, pero asegura que lo va a lograr, con la ayuda de Dios.

Lo mejor es que un arzobispo se deje amar por su pueblo, que se deje enseñar por su gente, ya que el pueblo del Dios tiene mucho que enseñarles a los sacerdotes y obispos, agregó.

Retos

Como la mayoría de la comunidad católica del área metropolitana de Washington, el padre Jacinto Orzechowski cuenta que está entusiasmado ante el inicio de una nueva etapa en la arquidiócesis, a la vez que reconoce que monseñor Gregory va a dirigir la iglesia de Washington en un momento en que hay muchos retos, pero también muchas oportunidades.

“Estamos en la sede del poder político en Estados Unidos, en un tiempo en que hay tantos ataques a los pobres y los más vulnerables. Son retos a nivel nacional, aunque hay tantos otros que enfrentamos a nivel global.  Y, nosotros, como Iglesia, tenemos el desafío de responder proclamando el

Evangelio con caridad y justicia”, señaló quien sirve en Caridades Católicas, la agencia de servicio social de la Arquidiócesis de Washington.

“No se trata solamente de proclamar la fe repitiendo el mensaje del Evangelio, sino encarnando el mensaje en el mundo de hoy -subrayó el sacerdote franciscano-. Estamos llamados a dar testimonio vivo del Evangelio a través de nuestro compromiso con los pobres y marginados, mostrando solidaridad con ellos y promoviendo la justicia en nuestras comunidades, nuestro país y más allá”.

Dice que somos parte de una arquidiócesis muy diversa, multicultural, lo cual es una bendición, mas lo que le preocupa es que también es una iglesia donde se percibe la división entre feligreses muy pudientes y otros menos favorecidos. “Al mismo tiempo hay mucha marginación y racismo estructural”, afirmó.

Considera importante buscar la unidad y promover tanto la justicia como el desarrollo integral del ser humano en la comunidad: una comunidad involucrada en el proceso de liberación de todo lo que no le permite al ser humano vivir bien.

“En este momento en nuestro país, muchos inmigrantes viven con miedo (los indocumentados y los amparados por TPS y DACA) y es un reto, ya que al pastor de la arquidiócesis le corresponde defender al rebaño, darle ánimo, apoyo y servicios. Tiene que reafirmar o fortalecer el compromiso con la justicia”.

El padre Jacinto dice que, como iglesia, tenemos la responsabilidad de proteger a los más vulnerables, defenderlos de las políticas de racismo, de las políticas que dividen a la gente, de los discursos que los convierten en chivos expiatorios.

“La iglesia tiene que hacer todo lo posible para construir puentes en nuestra sociedad y no las murallas que dividen”, puntualizó quien espera que el nuevo líder de la Arquidiócesis de Washington sea una persona que se identifique con los pobres y se conecte con su realidad, que escuche y fomente la unidad.